Tito nació en Roma el 30 de diciembre del año 39 D.C. Hijo del emperador Vespasiano (v.), fue asociado al trono como César en 1 jul. 71 y proclamado Augusto el 24 jun. 79. Su nombre oficial como soberano fue Tito César Vespasiano. Desde el año 71 al 79 mantuvo una continua asociación al poder con su padre. Esta asociación correspondía a la idea programática de la dinastía Flavia (v.) de preparación del futuro soberano. En este periodo, T. ocupó incluso el cargo de prefecto del pretorio que correspondía a la carrera ecuestre. De él se elogiaron especialmente las virtudes, en particular la clemencia. La historiografía senatorial gusta de mostrarle, por esta razón, en contraste con la política de su padre. Fue Emperador grato al Senado, pero en esta gratitud influyó sin duda la brevedad de su reinado, que no permitió se mostraran plenamente algunos contrastes latentes. Es digna de ser destacada su filantropía ante ciertos desastres, como la erupción del Vesubio, que destruyó Pompeya, Herculano y Stabia; la peste del mismo año (79 d. C) y uno de los frecuentes incendios en Roma. El aspecto más notable de su política exterior fue la eliminación de un nuevo Nerón, dentro de la larga lista de impostores, apoyado por los partos, en Oriente; la labor de Agrícola en Britania y el mantenimiento de las fronteras establecidas por Vespasiano en el Rin. Hay que recordar su participación en la toma de Jerusalén (a. 70 d. C.), anterior a su nombramiento como César. Esta campaña (prolongada por la Guerra civil de los a. 68-69 d. C.) se hallaba prácticamente resuelta mucho antes. Su terminación fue, ante todo, un honor concedido al heredero, adecuadamente difundido en monedas y en un monumento: el Arco de T. en Roma.

El plan de Vespasiano había sido establecer un poder conjunto T.-Domiciano (v.), planteado según una minuciosa discriminación de potestades. Por esta razón se había facilitado la carrera de T. en lo referente a honores y dignidades y se había atenuado un tanto la de Domiciano, de acuerdo con el criterio de que ningún ciudadano podía exhibir mayores honores y méritos que el Emperador o el príncipe designado como futuro Emperador. Por su parte, T. mostró mayor consideración hacia el Senado de la que había mostrado su padre y un cierto despego hacia los funcionarios de carrera. El mayor 'mérito de T. en este sentido fue poder continuar la política paterna limando sus asperezas y encuadrándose en el ambiente burgués que personificaba la dinastía y tenía su más clara representación en el Senado contemporáneo. Mantuvo el poder adquisitivo de la moneda, pese a ciertas concesiones a la necesidad de gastos suntuarios, como la construcción del anfiteatro flavio, o Coliseo, en Roma. Facilitó con ciertas contemporizaciones en materia tributaria la obra de urbanización que había iniciado Vespasiano en las provincias de Occidente, singularmente en España, con la concesión del derecho latino. Supo alejar también las sospechas que afectaron a Roma en cierto momento respecto a sus simpatías orientales. Murió T. en Rieti (antigua Reate) de un acceso febril.

Casó con Arricidia en primeras nupcias. De esta unión no tuvo descendencia. Casó más tarde con Marcia Furnilla, que debió de morir antes de su ascenso al trono. De este matrimonio tuvo una hija, Julia, que recibió el título de Augusto. Ésta, sin derechos de sucesión, casó con un sobrino de Vespasiano, Flavio Sabino.