Vespasiano nació en Falacrinae. Su abuelo era un centurión; su padre, équite, pertenecía a la administración financiera. En la carrera del padre y de los hijos parecen haber jugado cierto papel los encantos de la madre, Vespasia Polla. V. y su hermano mayor, Flavio Sabino, fueron los primeros de la familia en ingresar en el Senado. Eran manifiestos representantes del grupo llamado de los «hombres nuevos» (en contraposición a la aristocracia senatorial) y del progreso social de la burguesía itálica, gracias a la organización burocrática creada por Augusto.

Carrera. La protección de Narciso, durante el reinado de Claudio, le valió el mando de una legión en Germania. Participó en la conquista de Britania (a. 43 d. C.); cónsul el a. 51, sirvió en Oriente y entró en el grupo militar de Domicio Corbulón. El a. 69 recibió el mando del ejército de Judea. Muerto Nerón, reconoció a Galba y a Otón. El 1 jul. 69 la guarnición de Egipto le proclamó emperador.

Emperador. El pronunciamiento del ejército de Egipto fue seguido por el de Judea, a las órdenes de V. ( 11 jul. 69). Las tropas de Siria y del frente danubiano le reconocieron como Emperador. V. ocupó Egipto cortando el suministro triguero de Roma, mientras el ejército de Siria, a las órdenes de Muciano, emprendía el camino de Italia. Las tropas de Panonia y Mesia, enardecidas por Antonio Primo, ocuparon Aquileya y el valle del Po, estableciendo el cuartel general en Verona. Como en tiempos de Otón, la lucha se decidió en la localidad de Bedriacum, junto a Cremona, en donde fue derrotado el ejército de Vitelio y Antonio Primo alcanzó sin combate Narni. El hijo de V ., Domiciano, y su propio hermano Flavio Sabino, prefecto de la urbe, intentaron mediar con Vitelio para conseguir su abdicación y concluir la guerra civil (diciembre 69). Un motín en Roma costó la vida a Flavio Sabino; Domiciano la salvó con dificultad y fueron muchos los partidarios de V. que murieron en la intentona (18-19 diciembre). El 20 de diciembre Antonio Primo ocupó Roma, tras una heroica resistencia de los pretorianos. Vitelio fue asesinado por el populacho. Durante unos meses, Domiciano, ya César, gobernó en Roma, mientras V., por razones poco conocidas, prolongó su estancia en Egipto hasta agosto del a. 70.

EL COLISEO FLAVIO

El Gobierno. Virtud principal de V. fue su realismo, por lo que se le ha llamado el «Emperador del sentido común» (Horno). Desde el primer momento asoció al poder, como césares, a sus hijos Tito y Domiciano, estableciendo no sólo la línea sucesoria, sino sus prioridades. Se presentó como pacificador y magnánimo, pero en el ejercicio de estas virtudes actuó como oportunista. Premió a sus jefes, pero procuró retirarlos a la vida civil para que sus glorias no ofuscaran las de los príncipes, ni provocaran sueños de grandeza o posibles usurpaciones. Resolvió, mediante sus legados, la revuelta gala de Civilis, que requirió la intervención de ocho legiones. Fueron necesarias otras campañas en Britania; en Afrio ca se luchó contra los garamantes. La guerra judaica concluyó el a. 72 d. C. con la toma de Masada (Jerusalén fue tomada el a. 70); también continuaron las luchas en el Danubio. Fue necesario al mismo tiempo que Dorniciano, tras unos meses de regencia, pasara a ocupar una posición de segundón, ajeno a los actos de gobierno. Ya en Roma, V. inició su gobierno con una política de ahorro, que se manifestaba especialmente en su forma de vida, imprescindible a consecuencia de la bancarrota absoluta de las finanzas romanas sobre las cuales pesaban indistintamente los gastos de Nerón y las consecuencias de una prolongada guerra civil. V. supo combinar las formas del régimen augusteo con un fondo harto distino to, no muy lejano del de Claudio, que se codificó en la lex de Imperio. Se consiguió un equilibrio Emperador- Senado, aunque no dejara de ser inestable. Nuevas accesiones y depuraciones permitieron contar con un amplio grupo adicto en el Senado, formado por elementos de la burguesía itálica, hispana y gala, que habían hecho posible el triunfo de Vespasiano. En realidad una nueva aristocracia se preparaba a suceder a la diezmada y arruinada aristocracia romana.

Política económica. Al mismo tiempo, el cuerpo administrativo de rango ecuestre fue reforzado en sus derechos y atribuciones. Con esta base de concordia, quizá sólo aparente, pero al menos duradera y efectiva, V. pudo emprender la reconstrucción del Imperio. Sólo así se explica la aceptación de su política fiscal de recuperación de tierras públicas, y la reintroducción de impuestos que Galba aboliera. Hay que reconocer que esta política no fue gravosa y la administración de las provincias aparece en este reinado como dotada de una especial honradez. Como administrador tuvo fama de ser excesivamente parco. Pese al apoyo que debía al ejército, no concedió donativos extraordinarios a los soldados ni aumentó sus pagas. En cambio se preocupó de atender cuantos gastos fueran necesarios para reforzar su efectividad. De igual modo se comportó en lo referente a las obras públicas y en especial en Roma, que aún mostraba las huellas del incendio neroniano.

No fue tarea fácil inculcar de nuevo la vieja disciplina a un ejército que sabía sobradamente que a él se debía la confirmación de la dinastía y que el fin de V. no era el de sus predecesores. Sin llegar a una división entre carrera militar y civil, V. prefirió que los mandos militares estuvieran en manos de aquellos hombres cuya experiencia de servicio, ejemplo puede ser Trajano, se había probado sobradamente, y no en la de aquellos que sólo veían en un mando militar un grado más de su carrera de funcionarios. Pasar a estudiar sus reformas militares, tanto en la dislocación como en la táctica de las unidades, sería muy complejo; bastará señalar la considerable atención de V. en la mejora de las unidades auxiliares de caballería, consecuencia de la experiencia de la segunda batalla de Bedriacum; la construcción de fortificaciones y campamentos de cantería, la mejora de las defensas:fronterizas y la consolidación de sus líneas. No fue ésta una obra espectacular, como tantas de V ., aunque sí efectiva, pese a su aparente modestia.

Reformas. Entre sus reformas cobra especial importancia la concesión del derecho latino menor a las ciudades de Hispania, que carecían de esta ciudadanía o de la romana. Tal medida, aparte de sus reflejos en las finanzas, suponía un notable premio a las clientelas de los senadores hispanos, que tan decididamente apoyaron a Vespasiano. Carácter análogo tienen sus fundaciones coloniales en Italia y en las provincias. V. fue en realidad el primer príncipe, después de Augusto, que conocía la casi totalidad de sus cdominios de modo personal y directo. Esta experiencia se manifestó en su opra ya antes de su llegada a Roma, durante su estancia en las ciudades en que se alojó mientras duró su largo viaje de Egipto a Italia. Por ello varió el estatuto de algunas provincias, ya devolviéndolas al Senado o bien colocándolas bajo la administración imperial. Modificó los límites de otras y agrupó a algunas. En el difícil problema judaico mostró cierta habilidad al mantener en el trono a Julio Agripa II. En el orden interior no descuidó el mantenimiento de la postura y legislación moralizante grata a Claudio, que en tantos aspectos parece ser el inspirador de Vespasiano. En lo religioso protegió los cultos egipcios, que desde su proclamación le habían valido una hábil propaganda de personaje divino, ya los santuarios y oráculos que profetizaron su grandeza. Fue tolerante con el cristianismo.

Política internacional. Dados sus antecedentes, V. podía ser considerado como miembro del grupo de militares orientalistas. Aparte su protección a los cultos egipcios y del fin de la guerra judaica, V. no infundió sospechas en este respecto a los occidentales. Sus principales guerras tuvieron lugar en Britania, cuyo dominio consolidó Agrícola. En el Rin consolidó las fronteras más que combatir . Lo mismo puede decirse frente a los dacios. En Oriente, la guerra con Comagene concluyó con su incorporación a Siria y menos importancia debió tener la lucha contra los partos el a. 76 d. C., en la que actuaron Trajano, padre, y su hijo, el futuro Emperador. Pocos emperadores romanos se prestan en su reinado a juicios tan positivos como V ., el burgués itálico que supo reconstruir un Imperio destrozado y desmoralizado por el tormentoso reinado de Nerón y catorce meses de guerra civil.